Cómo convertir una pieza de bollería en un postre de carta
En hostelería, no siempre es necesario incorporar elaboraciones complejas para ofrecer algo diferente al cliente. A veces, basta con utilizar un producto habitual y darle otra vida. Y es que una pieza de bollería de calidad, bien presentada y acompañada de algún que otro elemento puede convertirse, con muy poco esfuerzo, en un postre atractivo.
Si cuentas con una cafetería u hotel con servicio de sobremesa, esta puede ser una forma sencilla de ampliar tu propuesta de carta sin necesidad de incorporar grandes elaboraciones, maquinaria o procesos nuevos. La clave está en elegir una pieza de bollería que funcione bien como base y aprovechar todas sus posibilidades.
De la vitrina al plato
Solemos asociar la bollería al desayuno o a la merienda, pero no tiene por qué ser así. Algunos formatos, por su tamaño, textura y estructura, ofrecen muchas posibilidades a la hora de crear una propuesta de postre.
Nuestro Pepito Azucarado es un ejemplo de ello. Su formato alargado, su superficie azucarada, su masa tierna y su acabado “descongelar y listo”, permiten crear de forma rápida propuestas atractivas y personalizadas con cremas untables, pistacho, chocolate, frutas frescas, cheesecake, toppings crujientes o combinaciones de temporada. Servido en plato y combinado con un elemento frío, como una bola de helado, puede adquirir una presentación completamente diferente sin necesidad de transformar el producto.
Lo mismo ocurre con otras piezas de bollería, como la Herradura de crema, cabello o chocolate, que por su formato y variedad permiten jugar con diferentes presentaciones. También el Hojaldre de Manzana, con su interior jugoso y su sabor natural y ligeramente ácido, puede convertirse en una propuesta de postre especialmente atractiva si se sirve templado y acompañado de un helado de vainilla. Y, para quienes buscan un toque más original, los muffins como el Muffin Estilo Dubai, el Muffin Carrot Cake o el Muffin Red Velvet aportan diferentes sabores y posibilidades para convertir una pieza de bollería en la guinda perfecta de una comida.
Y es precisamente ahí donde está la oportunidad: no se trata de elaborar un postre desde cero, sino de poner en valor una pieza de bollería que ya forma parte del surtido. Un acompañamiento, algún detalle de decoración o una presentación cuidada pueden ser suficientes para llevarla de la vitrina a la carta de postres.
Una propuesta sencilla, también para la operativa
Una de las grandes ventajas de esta fórmula es que no requiere cambiar radicalmente la forma de trabajar de tu establecimiento. Las masas congeladas permiten disponer de las piezas necesarias según la demanda y trabajar con un producto que se descongela y queda listo para servir o personalizar. Esto permite aprovechar productos que ya pueden formar parte de tu stock habitual y darles un nuevo peso durante el servicio de sobremesa. De esta manera, se puede incorporar una propuesta de postre sin ampliar demasiado la carta ni asumir grandes costes adicionales de elaboración.
Además, una misma pieza puede dar lugar a diferentes presentaciones. Cambiar el acompañamiento, añadir algún detalle de decoración o modificar la forma de emplatar permite crear propuestas distintas a partir de una misma base y adaptarlas al estilo de tu negocio.
Si tienes una cafetería, un establecimiento hostelero o un hotel con servicio de comidas, sabemos que encontrar una propuesta de postre que resulte atractiva para el cliente y, que al mismo tiempo, te permita mantener los costes bajo control no siempre es sencillo. Por eso, aprovechar productos que ya forman parte de tu surtido y darles una nueva presentación puede ser una forma fácil de enriquecer la oferta, aportar variedad y aumentar su valor sin complicar la operativa.
Porque, recuerda, una pieza de bollería puede ser mucho más que un producto para acompañar el café.
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